Lo político en el Western

Ricky Nelson y John Wayne y Dean Martin

Pensar en géneros cinematográficos es pensar en el Western. Los géneros cinematográficos nacen de la repetición de fórmulas exitosas y el universo Western es prueba de ello. Desde que los productores de Hollywood, hombres de negocios antes que cineastas, se dieron cuenta de lo fascinante que resulta para el público la conquista del oeste, no han parado de repetir estereotipos. En el Western las mujeres son siempre madres, esposas, hermanas o prostitutas que necesitan protección; los hombres son anglosajones autoritarios que se enfrentan con bandidos o  indígenas nativos. La trama tiene lugar dentro de una estructura social incipiente –un pueblo pequeño y muy inseguro– cuya escasa población debe lidiar con problemas básicos ya resueltos en sociedades más complejas.

El Western clásico envía un mensaje muy claro: la realidad no es más que una mixtura entre lo civilizado y lo salvaje, lo culto y lo rudimentario, lo moral y lo inmoral. Los personajes del Western viven al borde del desmoronamiento de los principios sociales más elementales. La autoridad siempre es puesta en entredicho y esto justifica la aparición de paladines de la justicia, héroes de carne y hueso que evitan el caos haciendo del propósito estabilizador una empresa personal. Este estado semi-anárquico no es más que el resultado de la lucha por instaurar la civilización, entendiendo por ésta un orden social unívoco fundamentado en la religión, el trabajo, la familia y el respeto a la autoridad. Es por eso que en el Western el empleo de la violencia es legítimo, pues es el único medio para doblegar a los enemigos del progreso y garantizar la estabilidad de los valores tradicionales frente a lo indómito del oeste.

Es por eso que el Western es un género cinematográfico inequívocamente político.  Al postular una serie de valores e instituciones como benévolas y deseables, el Western propone cierta hegemonía de la cultura dominante excluyendo patrones sociales diferentes. En el Western es impensable, por ejemplo, que una mujer no dedicada a la prostitución decida vivir sola, trabajar, y valerse por sí misma. De hecho, la gran hazaña del Western consiste en haber promovido mitos sociales fundacionales que ya difícilmente serán removidos de la conciencia nacional estadounidense, logrando llegar al gran público internacional. El Western enseña que la heterosexualidad y la familia son instituciones fundamentales para aceitar el engranaje social, que el estado, la policía y el sistema legal –encarnados en el tradicional Sheriff– son fuentes de poder legítimas e imprescindibles y que cierto grado de moral es necesario para el sano desarrollo de la vida pública.

 

M. Dolores Collazos

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