Foxcatcher, 2014 [En pocas palabras]

Foxcatcher

Bennett Miller

Estados Unidos

2014

Muy buenas actuaciones. Channing Tatum es convincente en el papel de “enorme pedazo de carne emocionalmente frágil”. Steve Carell es lo mejor de la película. Construyó bien la personalidad inmadura e inestable de Du Pont. Desde que aparece en la pantalla se intuye que hay algo enfermo y peligroso en él; su pasión por las armas, su absoluta falta de talento y su narcisismo idiota son una bomba de tiempo. Además es multimillonario. Nada podía terminar bien.

M. Dolores Collazos

The Last King of Scotland, 2006 [En pocas palabras]

The Last King of Scotland

Kevin Macdonald

Reino Unido/Estados Unidos

2006

Me gustó mucho. Buenos actores, buen guión. Hay cohesión. La secuencia inicial es muy poderosa. Nicholas es un muchacho escocés recién graduado de medicina educado en el rigor británico; sus padres pertenecen a esa sociedad austera y castrante que todos hemos visto en el video de Another Brick on The Wall y él entiende que si no hace algo pronto va a terminar como ellos. Está asqueado, grita de desesperación y con razón. Tiene que escapar. Suenan tambores africanos, profundos y tribales, anunciando que Nicholas ha encontrado su destino: Uganda.

En Uganda Nicholas se choca de frente con la pobreza, ineficiencia, la corrupción, y todos los demás engendros del subdesarrollo. No hay problema: eso era lo que estaba buscando; el desafío es excitante y decide quedarse a vivir el cliché del misionero.  Entonces aparece el dictador, sólo risas y mucho color, y Nicholas lo considera un personaje excéntrico y supersticioso, a veces impredecible, pero siempre inofensivo y bienintencionado. Es obvio que las cosas terminarán mal pero Nicholas es demasiado inexperto para darse cuenta.

Como todos los dictadores, el dictador ugandés –Idi Amin Dada–  es carismático y está lleno de vida. Desborda entusiasmo. Personifica el advenimiento de una nueva era cargada de esperanza y optimismo. Si tuviera que elegir al personaje más notable de toda la película, lo elegiría a él. Lo vemos perder el norte poco a poco, degenerarse y delirar. La paranoia le gana la batalla y Amin Dada recurre a la desgastada figura de la “seguridad nacional” para justificar sus crímenes. En un abrir y cerrar de ojos todo es atroz: el entusiasmo inicial se ha esfumado y sólo queda el miedo. En ese momento es inevitable sentir pena por Nicholas. Ya nos hemos encariñado con él, es sólo un muchacho que ha tomado malas decisiones desde el principio. Demasiado tarde. Es un ratón sintiendo el mortal abrazo de una anaconda.

 

M. Dolores Collazos

Lawrence of Arabia, 1962 [En pocas palabras]

Lawrence of Arabia 

David Lean

Reino Unido

1962

Mi papá tenía Lawrence de Arabia en la biblioteca de la casa y la carátula – una escena de varios hombres sentados en las dunas del desierto– resaltaba entre los libros de lomo rojo o azul, uniformes y aburridos.

La película está llena de exotismo. El desierto, el vestuario, los escenarios, la geografía, todo parece mágico y misterioso. Lawrence, con todas sus dudas y complejidades, es el centro de todo. Miento. Hay algo que iguala en importancia al propio Lawrence: el desierto. Ese océano de arena hostil y peligroso es la única majestad que Lawrence interioriza y respeta.

El personaje de Lawrence me sorprendió. No es un héroe ni un villano: es simplemente un hombre. Uno muy confundido, a decir verdad. No es inglés, no es árabe; parece tener problemas de identidad. Aparecen también sus mezquindades. Su vanidad, su arrogancia, su soberbia. Su detestable manía de creerse un semidiós. Es entonces cuando la primera escena, el prólogo de su muerte, adquiere todo su sentido:

“Era un poeta,

un erudito, un guerrero poderoso

pero también un exhibicionista”

 

M. Dolores Collazos