Spotlight, 2015 [En pocas palabras]

Spotlight

Thomas McCarthy

Estados Unidos

2015

 

Me gustó. Se enfoca totalmente en la trama y no hay espacio para nada más. No hay música, no hay escenas memorables, el vestuario no es impresionante y la fotografía no es nada especial. Sólo son cinco personas contando, viviendo, descubriendo, una buena historia. Por eso la película es minimalista: renuncia a los pequeños detalles, a las sutilezas y a la estética para concentrarse en “la cuestión”.

Afortunadamente, “la cuestión” es lo suficientemente profunda y retadora como para sostener la película entera. Si se tratara de un tema más banal la película habría sido un rotundo fracaso, pero la pedofilia en la iglesia católica es un asunto complejo lleno de matices éticos y políticos que bien puede dar para una película y hasta más. Además, el tema se aborda sin amarillismo, cosa que se agradece en verdad.  Se habla de abusos, todos imaginamos el trauma de las víctimas, el drama familiar, la vergüenza y la presión social, pero no hay escenas de sacerdotes a medio vestir tocando adolescentes lampiños en la sacristía. De esta forma la película se ahorra herir –aún más– susceptibilidades y se enfoca en lo verdaderamente importante: la pedofilia en la iglesia católica como patología institucional (no “unas cuantas manzanas podridas”, como nos han dicho siempre) que –además– elegimos no ver. Sucede todos los días, frente a todos nosotros, y rara vez hablamos de eso.

Por eso no creo que el tema central de la película sean tanto los abusos por parte de los curas como el hecho de que es más cómodo pretender que no sucede. Poco a poco se hace evidente que Spotlight no se trata de la pelea entre un periódico y la Iglesia, ni es –solamente– una denuncia social, sino que narra el descubrimiento de The Boston Globe, para sí mismo, de que la historia siempre estuvo ahí y ellos prefirieron no ver nada. Ellos, los periodistas, las personas cuya profesión es justamente mantenernos a nosotros bien informados para ayudarnos a tomar mejores decisiones, simplemente pasaron por alto toda la evidencia, se ocuparon de otras cosas y con su silencio cómplice retrasaron un debate que estaba en mora de darse. Desde este punto de vista Spotlight me pareció una película bastante honesta. No pontifica la labor de los periodistas ni los presenta como profesionales temerarios sino todo lo contrario, muestra que el periodismo, como todos los oficios, puede llegar a ser bastante permisivo y mediocre incluso en sus más altas esferas.

En este punto es inevitable pensar que a nosotros, el público, nos pasa algo parecido. Cuando nos hablan del tema nos parece más cómodo mirar para otro lado, encogernos de hombros, sentir pena por las víctimas y no más. Las pocas personas que se atreven a hablar abiertamente de los abusos enfrentan argumentos que deforman la moral. El famoso: “¿Por qué tienen que hablar sólo de eso y no hablan también de que la Iglesia hace mucho bien en el mundo?”. Este argumento, que no hace más que justificar los abusos por medio de una extraña lógica donde la moral es una cuestión de suma-cero (léase “el que peca y reza, empata”), también sale a relucir en cierto punto de la película, apuntalado sobre el hecho de que las Torres Gemelas acaban de ser derribadas y la gente necesita creer en algo. El escenario para no podía ser peor, pero aún así el equipo de Spotlight decide sacar a la luz la historia, darle voz a las víctimas y con ese acto se redime.

Por otra parte, Spotlight no es una película fácil de ver. La imagen recurrente es la de cinco personas hablando en una sala sobre gente que no está presente y a quienes se refieren sólo por el apellido. Muchos de ellos son mencionados sólo un par de veces y la cantidad de nombres es tal que hay que concentrarse para no perderse. Visualmente, Spotlight también exige resistencia. No hay muchos exteriores ni cambios de escenario. La secuencia del equipo periodístico reunido iniciando la jornada, asumiendo tareas, haciendo preguntas o entregando resultados es prácticamente invariable, por lo que la historia se desarrolla en medio de cierta monotonía. Pese a esto, la película es una radiografía convincente –no sé si acertada– de los desafíos, frustraciones y recompensas propias del funcionamiento de un periódico, y es emocionante ver cómo poco a poco nace la obsesión por encontrar la verdad y armar el rompecabezas.

 

M. Dolores Collazos

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