Sully, 2016 [En pocas palabras]

Sully

Clint Eastwood

Estados Unidos

2016

Buena película para plan de sábado en la noche. No le va a cambiar la vida a nadie pero es entretenida y tiene buen ritmo, paga la boleta.

Al principio pensé que el accidente del vuelo 1549 de US Airways no iba a dar para dos horas pero se logra porque la película no es sólo sobre el acuatizaje sino sobre la historia –menos conocida– de lo que sucedió después. El accidente es el suceso central pero no lo muestran una y otra vez hasta el hastío; los saltos en el tiempo y los flashbacks, todos en sus justas dosis, evitan que Sully se vuelva redundante o aburrida.

Tom Hanks lo hace bien, supongo que por pura práctica porque el papel de Sully es recurrente en su carrera. El profesional experimentado que tiene que enfrentarse a situaciones inesperadas y peligrosas ya lo habíamos visto en Captain Phillips (2013), entonces elegirlo para Sully fue una apuesta segura.

Muy chéveres las escenas del acuatizaje en el río Hudson. Pensé en lo difícil que debió ser para él tener en sus manos la vida de 155 personas y verse forzado a irse directo al agua para salvarlos. Me sudaron las manos viendo la angustia de los pasajeros tratando de amortiguar el golpe cuando se dieron cuenta de que iban a terminar en el río; me acordé de una mala experiencia que tuve en un vuelo hace años en donde gracias a Dios no hubo golpe ni caímos al río pero vi a la gente rezar y enterrar las uñas en los asientos (yo la primera).

Imposible no admirar al capitán Chesley Sullenberger. Héroe de nuestros tiempos.

M. Dolores Collazos

The Danish Girl, 2015 [En pocas palabras]

The Danish Girl
Tom Hooper
Inglaterra/Estados Unidos
2015

En esta época de marchas de odio contra lo que se salga del mundo binario que nos han vendido siempre, cae muy bien una película sobre Lili Elbe, la primera persona que tuvo la valentía de someterse a una cirugía de reasignación de sexo.

The Danish Girl no defrauda en nada. Es bien cuidada y observa altos estándares de calidad en todos los aspectos: buen montaje, buena fotografía, guión coherente y sin lagunas, banda sonora dramática y envolvente, etc. El resultado es una película bien lograda en la que nada desentona pero nada sobresale. Las actuaciones son buenas sin ser extraordinarias. Todos profesionales, todos creíbles, pero nadie quita el aliento. (Alicia Vikander es quien explora con mayor éxito todas las posibilidades de su papel).

Lili no sabe quién es. Dos personas viven en su interior y sabe que una de ellas tendrá que marcharse para siempre, con todo lo que eso implica. Su principal preocupación no es tanto encajar en la sociedad como saber quién es y definir su identidad. El hecho de que la historia se centre en esa y sólo esa cuestión y la desarrolle bien (dejando de lado, por ejemplo, el drama de la aceptación social) es la principal fortaleza de la película. Además, leo en Wikipedia que Gerda, la esposa de Lili, era lesbiana. De ser así, considero un acierto del guión omitir ese detalle. La sexualidad de Gerda habría hecho (más) compleja la trama y le habría restado importancia al dilema de Lili.

Sentí pena por Lili cuando empieza a buscar respuestas en la medicina –todavía muy ortodoxa– y después de tocar muchas puertas parece resignarse a no encontrar a nadie que se compadezca de su humanidad divergente. Supongo que pesar de todo ésta es la mejor época para las personas trans y vendrán tiempos mejores.

Por último, como buena fan de la estética art nouveau, disfruté muchísimo el viaje a París de Gerda y Lili.

M. Dolores Collazos

The Big Short, 2015 [En pocas palabras]

The Big Short

Adam McKay

Estados Unidos

2015

Mis expectativas con esta película eran muy altas (cómo no con semejante casting) pero no me gustó. Las críticas alabaron el guión pero a mí me pareció más bien oscuro: hay muchos términos especializados y la historia entera tiene un ritmo muy dinámico, por no decir acelerado, entonces después de nombrar los conceptos me sentí perdida en los detalles. Es cierto que la película hace un esfuerzo grande para facilitarle las cosas al espectador (por ejemplo, Anthony Bourdain explica algo desde su restaurante) pero ese esfuerzo sólo transmite la idea general. Después de los primeros 45 minutos sabía qué estaba pasando, cuál era la cuestión y quién era quién, pero no tenía claras las conexiones. Todo esto puede ser consecuencia de mi ignorancia en materia financiera, entonces de ninguna manera mi experiencia con The Big Short puede extrapolarse a la de, por ejemplo, un economista.

Además tuve problemas con los personajes. Demasiado excéntricos. Ninguno tiene un sólo momento de calma o de normalidad en toda la película. Recorren las calles en estados delirantes, hablan aceleradamente y gesticulan todo el tiempo. Christian Bale interpreta a un tipo que oye metal a todo volumen en su oficina (de donde rara vez sale) para concentrarse mejor (¡!). Lo que queda es la repetición machacona de que sólo alguien muy especial, digamos un loco brillante, habría podido darse cuenta de que la burbuja inmobiliaria estaba a punto de estallar. ¿En serio había que ser tan especial para descubrirlo? ¿Una persona normal con un poco de curiosidad financiera y una vida más sobria no habría podido intuir el desastre ? ¿Sólo los excéntricos pueden predecir los altibajos de la economía? Yo no lo creo, pero la película insiste en que sí.

Dicho lo anterior, rescato que a pesar de ser una película centrada en un momento muy específico de la economía estadounidense usa muy bien ciertas referencias culturales para explicar el contexto. De hecho, la única conexión que pude tener con la película fue ese pequeño collage de imágenes del principio, todas ellas familiares para los que crecimos en los 90. El final no estuvo mal. No me refiero a cómo terminaron las cosas para los personajes sino a la reflexión acerca de cómo la élite de Wall Street logró salir indemne mientras miles de personas de clase media perdieron su casa.

María Dolores Collazos

¿Es importante ver películas viejas?

El cine está en todas partes. Todos hemos ido a cine con amigos o nos hemos quedado en casa frente al televisor un domingo por la tarde viendo una película con los primos, los hermanos, los hijos o los papás. En los años 90, cuando yo empecé a acercarme al cine, alquilar una película era muy fácil para un hogar de clase media y era el plan de todos los fines de semana con mi papá.

Con la aparición del internet el consumo prácticamente explotó. Hay plataformas de pago mensual, alquiler a precios módicos y toneladas de contenido gratis, por no mencionar las bondades de la piratería. Cualquier persona con una conexión decente puede conseguir desde blockbusters hasta las películas más raras y experimentales, cosa que ha contribuido enormemente a la eliminación de intermediarios y al surgimiento de nuevas propuestas. Además del espacio doméstico, el cine ha colonizado nuestros espacios públicos. Los festivales de cine ya no son pocos ni exclusivos de los elegantes teatros de las grandes ciudades o de los glamourosos pueblos del Mediterráneo; al contrario, las muestras curadas y los festivales modestos se han tomado los parques y plazas de ciudades pequeñas y se han instalado en lugares tan inusuales como el mar o los cementerios. Los temas son igualmente variados. Los hay que celebran la diversidad sexual, los Derechos Humanosla comida, y hasta el bigote.

Ahora bien, si hay tanto cine nuevo a nuestro alcance,  si nuevas películas y documentales salen todos los días, si podemos acceder a un vasto universo en producción ahora mismo, ¿debería importarnos el cine de antes?, ¿deberíamos gastar dos horas viendo una película de, qué se yo, 1950, en vez de ver una de este año, de la que además todos están hablando? ¿vale la pena ver películas viejas?

Yo pienso que sí. Para empezar, la experiencia de ver películas viejas se parece a la de ver películas nuevas. Una película reciente no va a proveer necesariamente una experiencia más profunda o conmovedora que una de la primera mitad del siglo XX. Es posible emocionarse hasta las lágrimas con una película de los años 70 o con una del año pasado porque, aunque las películas estén ligadas a un marco histórico concreto, hay temas transversales que pueden ser tratados con la misma intensidad sin importar la fecha de estreno. El Séptimo Sello, de 1957, o La Duda, del 2008, retratan las dificultades de la fe cristiana y las complejidades de la moral del creyente y es difícil decir cuál de las dos ofrece emociones más intensas.

Por otra parte, hasta antes de la aparición de la televisión el cine era la forma suprema del entretenimiento. Por eso la relación entre el cine y la cultura popular siempre ha sido muy estrecha. Las referencias al cine clásico son una estrategia de comunicación recurrente en la literatura, la música, la publicidad, la moda y hasta en los noticieros, así que renunciar al cine viejo es en cierto modo renunciar a entender estas referencias. No es lo mismo ver Los Simpson teniendo cierto conocimiento básico del cine de antes que sin tenerlo. Las referencias al cine clásico son aún más habituales en el cine contemporáneo. El cine es el producto de un proceso creativo complejo que se apoya frecuentemente en la revisión y modificación de ideas ya exploradas, así que ver películas de antes puede ayudarnos a entender mejor lo que vemos ahora.

Por último, creo que ver películas viejas es una magnífica forma de entender el pasado. Desde su aparición, el cine ha sido una fuente inagotable de experiencias estéticas, lingüísticas y políticas, por eso el cine de antes nos da claves para explicar desde elecciones cotidianas –cortes de pelo, maquillaje o vestimenta – hasta tendencias culturales profundas y duraderas que marcaron generaciones. Yo entendí por qué mi mamá aparecía en las fotos de su temprana juventud con un extraño y recargado maquillaje cuando vi Cleopatra (1963), y entendí por qué mi papá y sus amigos posaban en las fotos con caras de machos rudos sólo después de haber visto un par de westerns. Por eso las películas viejas son ventanas al pasado, máquinas del tiempo al alcance de todos. ¿Cómo no verlas?

María Dolores Collazos

 

 

Spotlight, 2015 [En pocas palabras]

Spotlight

Thomas McCarthy

Estados Unidos

2015

Spotlight es una película minimalista. No hay música, no hay escenas memorables, el vestuario no es impresionante y la fotografía no es nada especial, sólo son cinco personas contando, viviendo y descubriendo los horrores de la pedofilia dentro de la iglesia católica. Si se tratara de un tema más banal la película habría sido un fracaso, pero el asunto es complejo y los matices éticos y políticos dan para una película y hasta más. El tema se aborda sin amarillismo, cosa que se agradece.  Se habla de abusos, todos imaginamos el trauma de las víctimas, el drama familiar, la vergüenza y la presión social, pero no hay escenas de sacerdotes a medio vestir tocando adolescentes lampiños en alguna sacristía. De esta forma la película se ahorra herir susceptibilidades y se enfoca en lo importante: la pedofilia en la iglesia católica como patología institucional. No se trata de “unas cuantas manzanas podridas” como nos han dicho siempre sino de un horror que sucede todos los días frente a nosotros y rara vez hablamos de eso. Es más cómodo pretender que no sucede, mirar para otro lado. No es que no lo veamos sino que elegimos no verlo.

Poco a poco es evidente que Spotlight no es sobre la pelea entre un periódico y la Iglesia, ni es –solamente– una denuncia social, sino que narra cómo The Boston Globe descubre, no sólo para el público sino para sí mismo como periódico, que la historia siempre estuvo ahí y ellos prefirieron no verla. Ellos, los periodistas, las personas cuya profesión consiste en mantenernos bien informados para ayudarnos a tomar mejores decisiones, pasaron por alto toda la evidencia y con su silencio cómplice retrasaron (aún más) un debate importantísimo. Desde este punto de vista Spotlight es bastante honesta. No pontifica sobre la labor de los periodistas ni los presenta como profesionales temerarios sino todo lo contrario: muestra que el periodismo, como todos los oficios, puede llegar a ser bastante permisivo y mediocre incluso en sus más altas esferas.

A nosotros nos pasa algo parecido. Cuando nos hablan de la pedofilia en la Iglesia católica nos encogernos de hombros y sentimos pena por las víctimas pero no más. Las pocas personas que se atreven a hablar de los abusos enfrentan argumentos que deforman la moral: el famoso “¿por qué tienen que hablar sólo de eso y no hablan también de que la Iglesia hace mucho bien en el mundo?”. Este argumento, que justifica los abusos por medio de una extraña lógica en donde la moral es una cuestión de suma-cero (léase “el que peca y reza, empata”), también sale a relucir en la película, apuntalado sobre el hecho de que el ataque a las Torres Gemelas acaba de pasar y la gente necesita creer en algo. El escenario no podía ser peor para las víctimas pero el equipo de Spotlight decide sacar la historia a la luz y con ese acto se redime.

Spotlight no es una película fácil de ver. La imagen recurrente es la de cinco personas hablando en una sala sobre gente que no está presente y a quienes se refieren sólo por el apellido. Muchos de ellos son mencionados sólo un par de veces y la cantidad de nombres es tal que hay que concentrarse para no perderse. Spotlight también exige resistencia desde lo visual. No hay muchos exteriores ni cambios de escenario. La secuencia del equipo periodístico reunido iniciando la jornada, asumiendo tareas, haciendo preguntas o entregando resultados es prácticamente invariable, por lo que la historia se desarrolla en la monotonía. Pese a esto, la película es una radiografía convincente –no sé si acertada– de los desafíos, frustraciones y recompensas propias del funcionamiento de un periódico y es emocionante ver cómo poco a poco nace la obsesión por armar el rompecabezas.

M. Dolores Collazos

Boy Meets Girl, 2014 [En pocas palabras]

Boy Meets Girl

Eric Schaeffer

Estados Unidos

2014

Interesante película. La protagonista es transgénero pero la película no se centra en el drama de salir del clóset, el matoneo en el colegio, la decepción de la familia o la estigmatización social sino en los dramas de la adolescencia de los que nadie se escapa.

Al darle espacio a las interacciones románticas de la protagonista y no a sus fracturas emocionales, Boy Meets Girl pone a prueba lo que el espectador sabe o cree saber sobre sexualidad. Cada vínculo sentimental trae consigo una pregunta: ¿entonces ella es lesbiana?, ¿eso que pasó hace de ese personaje un homosexual?, ¿al fin qué, a él le gustan los hombres o las mujeres?. Cuando terminé de ver la película tenía muchas preguntas sobre las preferencias sexuales de los protagonistas y hasta ahora no las he podido responder. La fortaleza  de Boy Meets Girl consiste en usar palabras sencillas para poner sobre la mesa la diversidad sexual; los personajes se están haciendo preguntas explícitas sobre sus preferencias todo el tiempo y de paso cuestionan directamente los gustos del público. 

Dicho lo anterior, varias escenas se sienten forzadas y el guión a veces parecería un video educativo. Las actuaciones tampoco son contundentes. Michael Welch se salva (aunque no por mucho).

M. Dolores Collazos

Irrational Man, 2015 [En pocas palabras]

Irrational Man

Woody Allen

Estados Unidos

2015

Woody Allen vuelve sobre la suerte o las coincidencias. Irrational Man es una película ligera y fácil de ver, pero a diferencia de Magic in the Moonlight plantea un dilema ético serio: la posibilidad de argumentar racionalmente un acto criminal. Todos hemos pensado alguna vez que “el mundo sería un lugar mejor si [inserte aquí nombre propio de su elección] no existiera” pero pensarlo y hacerlo, eliminar a [inserte aquí nombre propio de su elección] son dos cosas diferentes. Por eso es inquietante ahondar en la justificación del que no sólo lo piensa sino que pasa a la acción.

La película en general es entretenida y los diálogos se notan espontáneos y casuales. Los personajes se encuentran en las aulas de la Universidad, en los corredores, a la salida de un examen, en los típicos bares universitarios; la interacción no se siente forzada, todo sucede con fluidez. No hay mucha química entre Joaquin Phoenix y Emma Stone (hay quién piensa lo contrario) pero tampoco hace falta.

Me identifico con los académicos y sus locuras entonces conecté rápidamente con el protagonista. El profesor universitario en decadencia es un espejo para todos los que hemos contemplado la posibilidad de dar clase y vivir de ello; quizá por eso los días grises y depresivos de Abe se me hicieron tan familiares. “No puedo escribir, no puedo respirar” dice Abe, y siento que soy yo misma diciendo eso. Mi escena favorita fue la de la ruleta rusa en la fiesta de estudiantes. Ver a un profesor de filosofía haciendo ese tipo de estupideces me recordó lo sobrevalorada y ridícula que puede llegar a ser la Academia.

No diría que es la mejor película de Woody Allen pero tampoco es la peor. Me gustó más que Magic in the Moonlight

M. Dolores Collazos

The Theory of Everything , 2014 [En pocas palabras]

The Theory of Everything

James Marsh

Reino Unido

2014

 

Película muy bonita y fácil de ver. El tema central es la discapacidad de una persona y cómo su condición moldea poco a poco su vida cotidiana pero no se centra en detalles morbosos. Sabemos que Stephen Hawking está enfermo, sabemos lo difícil que es moverse en su situación, sabemos que probablemente esté frustrado, pero no sabemos cómo va al baño o cómo lleva a cabo sus obligaciones maritales. Esos son detalles irrelevantes y es un punto a favor de la película no haber perdido tiempo en eso. Aún así, hay escenas duras: es duro verlo caerse en la Universidad, es duro ver su cara en primer plano rebotando contra el suelo, es duro verlo golpeándose contra la realidad.

Me gustó especialmente la escena de Hawking tratando de ponerse su saco frente al fuego. Su cuerpo no responde para las actividades domésticas pero su cerebro está en plena producción intelectual, alerta a cualquier estímulo. Así es la cotidianidad de Hawking.

Cabe destacar la solidez del guión. No sé nada de física pero las explicaciones me parecieron claras y sencillas, no hay huecos, no es necesario asumir nada porque la película todo lo explica. La actuación de Eddie Redmayne es notable, la de Felicity Jones, en cambio, no me pareció tan convincente. Al final tuve la impresión de que nadie habría podido encarnar a Hawking mejor que Redmayne pero con Felicity Jones no me pasó lo mismo. Es perfectamente posible disociarla del personaje.

Por último, es inevitable relacionar The Theory of Everything con A Beautiful Mind (2001). No digo que sea una copia pero hay cierto paralelismo. Hawking y Nash son personas con mentes prodigiosas pero tienen dificultades para desarrollar plenamente sus intereses científicos. Encontré coincidencias, por ejemplo, en cómo Hawking y Nash empiezan sus respectivas relaciones románticas.  Y bueno, al final de The Theory of Everything uno no sabe a quién admirar más, si a Hawking o a su esposa.

 

M. Dolores Collazos

Testament of Youth, 2014 [En pocas palabras]

Testament of Youth

James Kent

Reino Unido

2014

Siempre he pensando que hablar de la guerra con emoción es inmoral. Testament of Youth lo retrata bien: los jóvenes entusiasmados sienten el llamado de la patria y no quieren perderse el acontecimiento histórico más importante de su tiempo; marchan al frente orgullosos, convencidos de que la guerra es un evento extraordinario y un privilegio que muy pocas generaciones tienen. Pero el tiempo pasa y entre una batalla y otra se dan cuenta de que la gloria nunca llega, sólo hay sangre y lodo y muertos por todas partes.

Vera, una joven burguesa con un futuro académico promisorio (me recordó a Cecilia, de Atonement), ve cómo los muchachos que le importan caen en la trampa. Los ve marcharse cargados de ilusiones y los volverá a ver hastiados, quebrados por dentro. Entonces decide unirse al cuerpo de enfermeras voluntarias y comprueba de primera mano los horrores de la guerra. Vera pierde la inocencia poco a poco y no le queda más remedio que aceptar, para ella y para los demás, que no hay nada bueno o noble en la guerra. Nada. No hay buenos ni malos, todas las vidas son valiosas, todas las muertes son lamentables. Entiende que sus luchas cotidianas habían sido hasta ese momento meras pataletas comparadas con el reto mayúsculo de defender la paz y humanizar al enemigo. Ahí radica la originalidad de la película: lo que al principio parecía el relato del amor frustrado de la protagonista pasa a ser la historia de su crecimiento personal. La Vera que empieza la película no es la misma del final. Ha revaluado sus principios, ha elegido sus luchas y ha madurado.

Hay mucha poesía en Testament of Youth. Está llena de primeros planos y detalles que me ayudaron a entender mejor las relaciones entre los personajes. Las actuaciones son convincentes y el guión es bueno, aunque la película es más visual que literal. Las emociones más profundas se expresan con imágenes, no con palabras. Quizá esta afirmación haya que matizarla diciendo que la poesía ocupa un lugar especial. Es mediante la poesía que los personajes principales se comunican, la poesía es el lazo que los une y es lo único que les queda después de que la guerra les ha quitado todo.

M. Dolores Collazos

Dior and I, 2014 [En pocas palabras]

Dior and I

Frédéric Tcheng

Francia

2014

Documental sobre el primer desfile de alta costura de Raf Simons al frente de la casa Dior. Se enfoca en el proceso creativo (aspecto que en las películas sobre diseñadores famosos no parece ser muy importante) y propone la alta costura como un proceso creativo colectivo. Queda claro que no se trata del criterio de una sola persona (aunque haya un director) sino más bien de la colaboración de un equipo. Vemos el remue-méninges de Raf y sus ayudantes y cómo la intuición se convierte en ropa. Después de muchos desvelos y trasnochos, llega el gran día: la primera pasarela de alta costura de Simons para Dior. El reto es enorme: Christian Dior fue un genio de la moda y tomar su lugar en la maison que lleva su nombre acojona a cualquiera. Simons ha trabajado duro para que sus ideas tomen forma, el documental ha logrado que sintamos simpatía por su trabajo y no queremos que fracase. Se le ve ansioso, es un momento emotivo para él y su equipo. Anna Wintour entra en escena, esto va en serio. 

[Buena suerte Raf, ojalá todo salga bien]

El documental capta muy bien la emotividad del equipo. La mezcla de miedo y emoción está presente todo el tiempo y hace de Dior and I un documental muy personal. Simons no quiere hacer creer que tiene todo bajo control, al contrario, no oculta sus dudas y preocupaciones. Disfruté especialmente su búsqueda de inspiración. Revisa los archivos y se interesa por la estética propia de la Maison, también visita museos, toma fotos, habla de los colores, de los pequeños detalles, de arte. Incluso visita la casa donde creció Dior.

Esta aproximación a la alta costura, llena de búsquedas y moderada incertidumbre, me convenció de que la moda no es una cuestión (tan) superficial. Hay creatividad y entusiasmo. Hay criterio y crítica. Y hay mucho talento. Me gustó conocer a todo el equipo detrás de la producción de la ropa de alta costura y ponerle cara a esos artistas. A mí me gusta la moda, me gusta la creatividad y me gusta ver ropa bonita en el cine así que disfruté mucho el documental.

La edición es interesante. Hay imágenes del trabajo de Simons intercaladas con imágenes y la voz del mismo Christian Dior. Me pareció un recurso original para hacerle entender al espectador que el desafío de Simons consiste en crear algo nuevo sin perder la esencia.

Me queda la duda de si el documental está editado para recrear un ambiente de trabajo amable y respetuoso (aún bajo presión) donde en verdad hay insultos y gritos.

M. Dolores Collazos