Filth, 2014 [En pocas palabras]

Filth

Jon S. Baird

Reino Unido

2014

Comedia cruda y muy crítica. Bruce, policía escocés, está en está en pleno descenso emocional. Su vida está llena de sombras y todo tipo de vicios que afloran en forma de alucinaciones ; sin embargo a veces, sólo a veces, asoman ciertas virtudes. Me recordó mucho a Trainspotting (1996): la misma perversión, la misma decadencia, la misma desesperanza. Quizá faltó una banda sonora más fuerte y contundente, lo que sí tiene Trainspotting. Aún así, no logro sacarme de la cabeza 99 Red Balloons.
La edición es notable. Retrata muy bien los variables estados de ánimo del protagonista. Hay mucho slang escocés. Seguramente verla con subtítulos le quita la resta al guión la mitad de su esencia.
M. Dolores Collazos

Hacksaw Ridge, 2016 [En pocas palabras]

Hacksaw Ridge

Mel Gibson

Estados Unidos / Australia

2016

“Salen como un noble soldado, vuelven agrios y mutilados”

Willie Colón

Desmond Doss es un muchacho estadounidense que no soporta la idea de quedarse de brazos cruzados mientras otros mueren por la patria durante la Segunda Guerra Mundial. El ataque a Pearl Harbor acaba de pasar y Desmond se lo tomó personal así que después de una reflexión más bien ingenua y simplista, decide que tiene una misión: cruzar el Pacífico, llegar al Japón y aportar su granito de arena para ganar la guerra (“dos se suicidaron por no poder entrar [al ejército]”, dice en algún momento para justificar su elección). El problema es que Desmond es un tipo profundamente religioso y la idea de tocar un arma le repugna. Desmond es, pues, un objetor de conciencia.

A los objetores de conciencia no les va bien en el ejército. Acoso, acoso, acoso y golpes y más acoso son el pan de cada día para Desmond. La mayoría de su pelotón lo detesta y sus superiores no confían en él; de repente todos conspiran para darlo de baja.  Sin embargo, Desmond se aferra a su plan inicial y logra partir a la guerra no como soldado, sino como médico. No se da cuenta de lo obvio: la guerra es, por definición, inmoral. No hay forma de salir limpio. Parece (¿prefiere?) ignorar que no se puede hacer parte de una empresa cuyo objetivo es la eliminación física del enemigo sin condonar esas muertes de alguna manera. No se da cuenta de que las guerras no se ganan dando la vida por otros sino arrancando las vidas de otros. Por eso su asepsia moral es hipócrita, porque es el resultado de creer que es posible entrar a un lodazal sin ensuciarse.

Las escenas del entrenamiento de Desmond no ofrecen mayor novedad y las hemos visto en cientos de películas (basta comparar esto con esto y con esto otro). Se muestra la camaradería de los primeros días, cuando los futuros soldados ignoran la vacaloca en la que se metieron y se comportan como ovejas sumisas rumbo al matadero. Suben, bajan, corren, se arrastran y se hacen uno con su fusil –todos menos Desmond– convencidos de ser unos valientes para finalmente llegar al Japón y darse cuenta de que nada habría podido prepararlos para el infierno de Hacksaw Ridge.

Las imágenes de los horrores de la guerra pasando frente a los ojos de Desmond son duras. Camiones repletos de cadáveres apiñados, soldados transtornados, rostros cansados, miradas perdidas, gente sin alma –”Salen como un noble soldado, vuelven agrios y mutilados”, dice Willie Colón–. Las escenas del combate están bien hechas aunque no son lo suficientemente originales para hacer de la película un hito en su género. Se resalta el heroísmo de Desmond con imágenes muy trilladas: se le ve erguirse entre cientos de cadáveres mirando al horizonte mientras suena música heroica de fondo. También se deshumaniza al enemigo: japoneses con cara de locos rematando a cuchillo a los heridos para después suicidarse de manera ritual. Queda uno con la sensación de que esas escenas son para justificar a los soldados estadounidenses que sí van armados, sugiriéndo que, a diferencia del enemigo, ellos sí hacen un uso ético de las armas.

Me fue difícil tomarme en serio a Desmond. Su dilema está basado en valores que hoy parecen cuestionables y pasados de moda. No termino de entender, por ejemplo, su profundo compromiso patriótico (¿salvar a la patria de qué, exactamente? ¿salvarla para quienes? ¿en nombre de qué?) o su noción de valentía. Desmond Doss ciertamente es un tipo excepcional y lo que hizo es una gran hazaña, pero me parece contradictorio sentir tantos escrúpulos frente a las armas pero no tantos frente a la violencia cuando esta se ejerce en nombre de la patria.

Por último, Gibson acertó en la elección de Andrew Garfield. Su cara de murciélago bonachón es agradable, comercial y muy creíble.

 

M. Dolores Collazos

Captain Fantastic, 2016 [En pocas palabras]

Captain Fantastic

Matt Ross

Estados Unidos

2016

 

“Solo hay uno de mí en el mundo”

Bodevan

 

“Los estadounidenses están subeducados y sobremedicados”, dice Ben y es difícil no darle la razón. Aplica, además, para el resto del mundo desarrollado. Todos hemos pensado alguna vez que a lo mejor no necesitamos tantas cosas, que no es normal que seamos tan gordos, que no sabemos hacer nada útil y que somos simples peones de un sistema podrido desde sus cimientos. Y si a eso le sumamos la corrupción de los gobiernos, el abuso de las farmacéuticas, el lobby de las tabacaleras, las petroleras aplastantes, el bullying en los colegios, los transgénicos y hasta el cambio climático lo único que queda son unas ganas inmensas de retirarse al campo.

Ben lo hizo. Le dio la espalda a esa cloaca que según él es la sociedad y se propuso llevar con su esposa y sus hijos una vida honesta basada en la disciplina, el autoaprendizaje, el respeto por la naturaleza, el pensamiento crítico y un curioso sentimiento tribal que se exacerba con el sonido de las gaitas. Son una familia antisistema que se preocupa por lo importante, no por lo urgente. El padre representa la autoridad moral e intelectual y supervisa personalmente y de manera semidictatorial todos los aspectos de la vida de sus hijos: desde el vocabulario permitido hasta sus rutinas de ejercicio. Los niños por su parte tampoco pierden tiempo: no van al colegio pero son más cultos que cualquier adulto, hablan varios idiomas, se enfrentan a exigentes retos físicos de supervivencia y han aprendido a usar armas desde muy temprano. La inmensa cultura general de los niños introduce una dura crítica al sistema educativo: no tiene mucho sentido enviar a los niños al colegio en nombre de un aprendizaje francamente mediocre cuando podrían formarse mejor en la casa.

El problema es que esta visión del mundo difícilmente puede coexistir con la vida normal llena de azúcar y comida chatarra que llevamos todos. Y cuando Ben y sus hijos se encuentran con el mundo real el choque es inevitable, no sólo porque su estilo de vida supone una ética particular que no compagina con la del resto del mundo, sino porque el precio de llevar una vida dedicada al desarrollo físico e intelectual en el aislamiento es la atrofia de las habilidades sociales. Los hijos de Ben no entienden ciertos códigos que sólo se adquieren a partir de la vida en comunidad; “A menos de que salga de un maldito libro, no sé nada sobre nada”, dice Bodevan con razón. Entonces es evidente que el conocimiento no es suficiente para sobrevivir: también se necesita intuición. No vamos al colegio (solamente) a adquirir conocimiento, sino a tener experiencias que nos preparan para la adultez, y esa es una razón legítima para apostarle al sistema educativo tradicional.

 

María Dolores Collazos

 

 

Lady Chatterley’s Lover, 2015 [En pocas palabras]

Lady Chatterley’s Lover 

Jed Mercurio

Inglaterra

2015

Simpática adaptación para televisión del clásico de H.D. Lawrence. La historia es bien conocida por su alto contenido sexual pero el aspecto más interesante es la diferencia de clases sociales (de hecho el contenido sexual de esta adaptación es más bien poco). Con todo, el final me tomó por sorpresa porque no he leído el libro.

No hay mucho más que decir sobre esta película. Si se la encuentran en televisión un día cualquiera haciendo zapping podrían invertirle las dos horas sin remordimientos.

M. Dolores Collazos

Wild, 2014 [En pocas palabras]

Wild

Jean-Marc Vallée

Estados Unidos

2014

Qué fácil es ir dando tumbos por la vida. Cheryl sabe de eso. Lleva a cuestas un montón de basura emocional, años de abusos de drogas y alcohol y ni hablar de su desaforada vida sexual. La buena noticia es que todavía hay un gramo de sensatez en su interior así que, en un esfuerzo por demostrarse que no ha sucumbido a la avalancha de autodestrucción iniciada por la muerte de su madre, decide recorrer en solitario el Pacific Crest Trail, un sendero que conecta México con Canadá. Todo un reto.

El desafío no es tanto corporal como espiritual. Recorrer la cresta del Pacífico es un ejercicio de reflexión y crecimiento personal durante el cual Cheryl descubre que puede ser una mujer valiente y decidida, capaz de cumplir metas y fijarse objetivos. Alguien muy diferente de la adicta a la heroína que queda en embarazo y no sabe de quién y que la película introduce a través de flashbacks. Conforme lucha con lo agreste del paisaje Cheryl se desprende de todo juicio moral sobre su pasado y lo asume simplemente como “su vida”: un conjunto de hechos que debían suceder para que ella llegara a ser quien es.

La película tiene un mensaje poderoso. Habla de no rendirse, de aprender, y de cómo todos tenemos la capacidad de tomar las riendas de nuestro destino. Siembra la semilla del reto personal, del abandono de la zona de confort y de la superación de estereotipos (“una mujer sola no puede viajar”). No creo que la caminata haya significado para Cheryl una metamorfosis, mucho menos una expiación. Se trata más bien de un rito liberador y de sanación, un ejercicio de autoaceptación y reconciliación con su pasado para darle paso a un futuro prometedor y con un propósito.

Después de ver la entrañable relación de Cheryl con su mamá es inevitable preguntarse cuál es el polo a tierra de uno mismo.

María Dolores Collazos

The New World, 2005 [En pocas palabras]

The New World

Terrence Malick

Estados Unidos

2005

Decidí ver esta película para conmemorar el 12 de octubre. Estaba buscando algo relacionado con el encuentro entre dos mundos y apareció The New World, basada en el romance entre Pocahontas y John Smith que conocimos por la película de Disney (aunque según Wikipedia nunca hubo tal romance).  La fotografía me sorprendió muchísimo. Impecable. Valdría la pena verla sólo por eso. Hay una calidez especial, una tenue luz amarilla que juega con pelo largo de Pocahontas y humaniza el relato. De repente, John Smith y Pocahontas dejan de ser personajes del mito fundacional americano y se convierten en dos enamorados sin pretensiones.

Dicho lo anterior, la película promueve una idea básica que no comparto: el profundo contraste axiológico entre ingleses y nativos. Mientras los indígenas son retratados como gente que no sabe de maldad ni de codicia, los ingleses se muestran poco transparentes, envidiosos y calculadores. John Smith lo comprueba cuando pasa una temporada con ellos y poco a poco se despoja de sus esquemas mentales para abrazar la paz de vivir entre gente generosa. Se admira de la sencillez de la tribu, de su bondad y de su profunda conexión con la naturaleza. No quiere irse pero es forzado a hacerlo y cuando vuelve a su campamento todo le parece vil y terriblemente sórdido. Esta visión siempre me ha parecido ingenua. No creo que los indígenas de entonces (ni los de ahora) hayan sido una comunidad inmaculada. No creo que con la civilización (lo que sea que ello signifique) lleguen los vicios de la moral, creo más bien que éstos son inherentes a todo grupo humano, independientemente de la etnia.

María Dolores Collazos

 

El ciudadano ilustre, 2016 [En pocas palabras]

El ciudadano ilustre 

Gastón Duprat, Mariano Cohn

Argentina

2016

 

Volver a tu ciudad natal puede ser encantador hasta que ella te recuerda por qué te fuiste de ahí.

Daniel Mantovani, escritor argentino, ha ganado el Nobel de literatura y sin embargo considera que la única cosa (importante) que ha hecho en su vida es salir de Salas, su pueblo natal. Ha desarrollado toda su carrera literaria en Europa, donde ha pasado los últimos 40 años, y la sola idea de volver a Salas parece ponerle los pelos de punta. Aún así, Daniel vuelve. Así empieza El ciudadano ilustre, película divertida, crítica e incómoda.

Al principio todo va bien. Salas es un lugar apacible de gentes sencillas cuya inocencia y calidez contrasta con la cortesía impersonal de Daniel. Todos quieren abrazarlo y agasajarlo, pero Daniel es un tipo de maneras europeas que hace mucho dejó de confundir calidez con atrevimiento así que se niega educadamente a arriesgar su espacio interpersonal.  Este contraste da lugar a situaciones llenas de humor negro que mantienen la atención del público y exponen lo conflictivo del retorno (los dos pilares que sostienen la película son el guión y la actuación de Óscar Martínez, no hace falta nada más). Entonces el cordón umbilical que muchos guardamos con nuestra ciudad natal, y que podemos estirar a lo largo del tiempo y el espacio pero jamás romper, empieza a tirar de Daniel. Su estricto código comportamental se flexibiliza, y si bien no está completamente complacido con su visita, sí parece estar saldando una vieja deuda consigo mismo. Daniel lo logra: se conecta con Salas.

Entonces sucede lo inevitable: tras dos o tres desencuentros, Salas se revela como un pozo de mediocridad e irracionalidad en donde Daniel parece ser el único hombre sensato. Ahora recuerda por qué se fue del pueblo; ahora está claro por qué tiene que irse nuevamente. Después de todo, Daniel siempre ha sido un tipo incómodo. Poco a poco la película deja atrás las situaciones cómicas e irónicas y se convierte en una reflexión sobre el oficio de escribir, el pasado y la realidad.

Me identifiqué rápidamente con Daniel. No tengo nada que ver con el mundo literario pero mi relación con mi ciudad natal es conflictiva y siempre termino volviendo (a lo mejor es que nunca me fui). Nada qué hacer: hay lugares que lo persiguen a uno para siempre; “puedes huir pero no puedes esconderte”, dice un amigo mío.

 

María Dolores Collazos

Sully, 2016 [En pocas palabras]

Sully

Clint Eastwood

Estados Unidos

2016

Salí satisfecha del cine; para plan de sábado en la noche esta película está muy bien. No le va a cambiar la vida a nadie pero es entretenida y tiene buen ritmo, paga completamente la boleta.

Al principio pensé que el accidente del vuelo 1549 de US Airways no iba a dar para dos horas, pero se logra porque la película no es sólo sobre el acuatizaje sino sobre la historia –menos conocida– de lo que sucedió después. El accidente es el suceso central pero no lo muestran una y otra vez hasta el hastío; los saltos en el tiempo y los flashbacks, todos en sus justas dosis, evitan que Sully se vuelva redundante o aburrida.

Tom Hanks lo hace bien, supongo que por pura práctica porque el papel de Sully es recurrente en su carrera. El profesional experimentado que tiene que enfrentarse a situaciones inesperadas y peligrosas ya lo habíamos visto en Captain Phillips (2013), entonces elegirlo para Sully fue una apuesta segura.

Muy chéveres las escenas del acuatizaje en el Hudson. Pensé en lo difícil que debió ser para él tener en sus manos la vida de 155 personas y verse forzado a irse directo al agua para salvarlos. Me sudaron las manos viendo la angustia de los pasajeros tratando de amortiguar el golpe cuando se dieron cuenta de que iban a terminar en el río. Me acordé de una mala experiencia que tuve en un vuelo hace años, gracias a Dios no hubo golpe ni nos caímos en un río pero vi a la gente rezar y enterrar las uñas en los asientos (yo la primera).

Y bueno, imposible no admirar al capitán Chesley Sullenberger. Héroe de nuestros tiempos.

 

M. Dolores Collazos

The Danish Girl, 2015 [En pocas palabras]

The Danish Girl
Tom Hooper
Inglaterra/Estados Unidos
2015

En esta época de marchas de odio contra lo que se salga del mundo binario que nos han vendido siempre, cae muy bien una película sobre Lili Elbe, la primera persona que tuvo la valentía de someterse a una cirugía de reasignación de sexo.

The Danish Girl no defrauda en nada. Es bien cuidada y observa un altos estándares de calidad en todos los aspectos: buen montaje, buena fotografía, guión coherente y sin lagunas, banda sonora dramática y envolvente, etc. El resultado es una película bien lograda en la que nada desentona. El problema es que nada sobresale. Las actuaciones son buenas sin ser extraordinarias. Todos profesionales, todos creíbles, nadie quita el aliento. (Alicia Vikander es quien explora con mayor éxito todas las posibilidades de su papel).

Lili no sabe quién es. Dos personas viven en su interior y sabe que eventualmente una tendrá que marcharse para siempre, con todo lo que eso implica. Su principal preocupación no es tanto encajar en la sociedad como saber quién es, definir su identidad. El hecho de que la historia se centre en esa y sólo esa cuestión y la desarrolle bien (dejando de lado, por ejemplo, el drama de la aceptación social) es la principal fortaleza de la película. Además, leo en Wikipedia que Gerda, la esposa de Lili, era lesbiana. De ser así, considero un acierto del guión omitir ese detalle. La sexualidad de Gerda habría hecho (innecesariamente) más compleja la trama y le habría restado importancia al dilema de Lili.

Sentí pena por Lili cuando empieza a buscar respuestas en la medicina –todavía muy ortodoxa– y después de tocar muchas puertas parece resignarse a no encontrar a nadie que se compadezca de su humanidad divergente. Me reconfortó un poco pensar que –con todo– ésta es la mejor época para las personas trans. Y vendrán tiempos mejores.

Por último, como buena fan de la estética art nouveau, disfruté muchísimo el viaje a París de Gerda y Lili.

María Dolores Collazos

The Big Short, 2015 [En pocas palabras]

The Big Short
Adam McKay

Estados Unidos

2015

Tenía muchas expectativas con esta película, en especial por su impresionante casting, pero no me gustó tanto. Las críticas alabaron mucho el guión pero a mí me pareció más bien oscuro; abundan los términos especializados y la historia entera tiene un ritmo muy dinámico, por no decir acelerado, entonces después de nombrar muchos conceptos me sentí perdida en los detalles. Es cierto que la película hace un esfuerzo grande por facilitarle las cosas al espectador (por ejemplo, Anthony Bourdain explica algo desde su restaurante), pero ese esfuerzo sólo transmitie la idea general. Después de los primeros 45 minutos sabía qué estaba pasando, cuál era “la cuestión” y quién era quién, pero no tenía claras las conexiones. Acepto, eso sí, que todo esto puede ser consecuencia de mi ignorancia en materia financiera, entonces de ninguna manera mi experiencia con The Big Short puede extrapolarse a la de, por ejemplo, un economista.

Además tuve problemas con los personajes. Demasiado excéntricos. Ninguno de ellos tiene un sólo momento de calma o de normalidad en toda la película. Los vemos recorriendo las calles en estados delirantes, hablando aceleradamente, gesticulando todo el tiempo, por ejemplo Christian Bale interpreta a un tipo que oye heavy metal a todo volumen en su oficina (de donde rara vez sale) para concentrarse mejor (¡!). Lo que queda es la repetición machacona de que sólo alguien muy especial, digamos un loco brillante, habría podido darse cuenta de que la burbuja inmobiliaria estaba a punto de estallar. Pero ¿en serio había que ser tan especial para descubrirlo? ¿Una persona normal con un poco de curiosidad financiera y una vida más sobria no habría podido intuir el desastre ? En últimas ¿sólo los excéntricos pueden predecir los vaivenes de la economía? Yo no lo creo, pero la película insiste en que sí.

Dicho lo anterior, rescato que a pesar de ser una película centrada en un momento muy específico de la economía estadounidense, usa muy bien ciertas referencias a la cultura popular para mostrar el contexto. De hecho, la única conexión que pude tener con la película fue ese pequeño collage de imágenes al principio, todas ellas familiares para los que crecimos en los 90. Por último, el final no estuvo mal. No me refiero a cómo terminaron las cosas para los personajes, sino a que hay una buena reflexión sobre cómo la élite de Wall Street logró salir indemne mientras miles de personas de clase media perdieron su techo.

María Dolores Collazos