Knives Out, 2011 [en pocas palabras]

Hace poco hablaba con Andrés sobre los testamentos. Me decía, medio en chiste medio en serio (así es él con todo), que las ayudas para los empleados que corren el riesgo de contagiarse de COVID por ir a trabajar deberían incluir consejería legal gratuita para el que quiera redactar su testamento. Si uno está un paso más cerca de la muerte por ir a trabajar, decía Andrés, un acto de decencia mínima del empleador es ayudar a su empleado a dejarlo todo en orden. Él hablaba y yo me imaginaba las listas de espera en las notarías, los dramas familiares tipo Laura en América y los montones de gente enloquecida tratando de aprovechar la oferta, preguntándose por primera vez en la vida cómo se hace un testamento o cómo hacer para dejarle todo al gato.

En la cultura popular otorgar testamento es el acto por excelencia del que quiere reír de último y reír mejor. El viejito millonario cansado de que sus hijos lo adulen por interés, de que sus nueras y yernos se froten las manos pensando en su entierro y de que sus nietos lo parasiten tiene una solución elegante en el testamento. Sólo es escribir un papel diciendo que le deja todo su patrimonio al vecino, a un empleado, al que atiende en el café de la esquina o a la señora que pide limosna afuera de la iglesia con tal de no darle gusto a los buitres de la familia. Después sólo tiene que sentarse a esperar. Pienso en Clint Eastwood sentado en un sillón de abuelo con un rifle en la mano, muerto de risa desde el cielo, viendo la cara de su nieta cuando le deja su Gran Torino de 1972 a Thao Vang Lor y no a ella.

En Knives Out hay un testamento. También hay un escritor de misterio multimillonario, unos hijos mediocres, unos nietos pretenciosos y una nuera con la cara artificialmente estirada. Hay una enfermera, un ama de llaves, una anciana senil, dos policías no muy sagaces y un detective que no sabe ni por qué está ahí, pero ahí está y tiene que hacer su trabajo. Hay una hermosa casa campestre de ribetes neogóticos y un exitoso negocio editorial. Hay una muerte, una fiesta y un affaire. Hay discusiones, conversaciones tensas y amenazas. Hay una gotica de sangre y buenas razones para sospechar de todos. La mesa está servida para rendirle homenaje a Ágata Christie, Hercule Poirot, Sherlock Holmes y hasta a Angela Lansbury.

Pero no se trata de un homenaje solemne. Todo lo contrario: Knives Out se suma al género thriller sin tomárselo en serio, sin protocolo y sin misticismo, con mucho humor negro y detalles cómicos en su justa medida. La composición de la familia es de risa. El muchacho de la Alt-right es primo de la muchacha que estudia no se sabe qué cosa postmoderna-Castrista-feminista en una Universidad carísima y ellos a su vez son primos del playboy arrogante. Todos son nietos del escritor de misterio y bisnietos de la anciana que habla sola (muero de ganas de ir a una cena con esta familia).

Lo mejor de la película, en mi opinión, es el subtexto. Con la excusa de resolver un crimen, el guión revela poco a poco que su verdadera intención es satirizar a la clase alta conservadora de Estados Unidos. Es chistoso verlos tratando de parecer desinteresados pero muertos de miedo de tener que salir a conseguir trabajo. Cómo no reírse de un montón de hipócritas al borde del colapso que no pueden darse el lujo de estallar porque ellos son gente divinamente y nada más vulgar que el amor por la plata. No tienen problemas con la inmigración salvo si es ilegal, porque trabajar sin papeles es un acto criminal y no entienden cómo puede haber gente que elige llegar sin visa al país. Le dicen a la enfermera latinoamericana que es como de la familia pero nadie se ha tomado la molestia de aprenderse de qué país viene. Todos nacieron with a silver spoon in their mouth pero se consideran gente hecha a pulso cuyo éxito está vagamente relacionado con el negocio familiar, justo como Sandra Borda describió en Twitter la Convención del partido republicano del 2020: “Toda la familia Trump dando cátedra sobre cómo se logran las cosas a puro pulso, sin ayuda de ningún tipo”.

Y sí, sin duda the Thrombeys serían votantes de Trump.

María Dolores Collazos

Hacksaw Ridge, 2016 [En pocas palabras]

Hacksaw Ridge

Mel Gibson

Estados Unidos / Australia

2016

“Salen como un noble soldado, vuelven agrios y mutilados”

Willie Colón

Desmond Doss es un muchacho estadounidense que no soporta la idea de quedarse de brazos cruzados mientras otros mueren por la patria durante la Segunda Guerra Mundial. El ataque a Pearl Harbor acaba de pasar y Desmond se lo tomó personal así que después de una reflexión más bien ingenua y simplista, decide que tiene una misión: cruzar el Pacífico, llegar al Japón y aportar su granito de arena para ganar la guerra (“dos se suicidaron por no poder entrar [al ejército]”, dice en algún momento para justificar su elección). El problema es que Desmond es un tipo profundamente religioso y la idea de tocar un arma le repugna. Desmond es, pues, un objetor de conciencia.

A los objetores de conciencia no les va bien en el ejército. Acoso, acoso, acoso y golpes y más acoso son el pan de cada día para Desmond. La mayoría de su pelotón lo detesta y sus superiores no confían en él; de repente todos conspiran para darlo de baja.  Sin embargo, Desmond se aferra a su plan inicial y logra partir a la guerra no como soldado, sino como médico. No se da cuenta de lo obvio: la guerra es, por definición, inmoral. No hay forma de salir limpio. Parece (¿prefiere?) ignorar que no se puede hacer parte de una empresa cuyo objetivo es la eliminación física del enemigo sin condonar esas muertes de alguna manera. No se da cuenta de que las guerras no se ganan dando la vida por otros sino arrancando las vidas de otros. Por eso su asepsia moral es hipócrita, porque es el resultado de creer que es posible entrar a un lodazal sin ensuciarse.

Las escenas del entrenamiento de Desmond no ofrecen mayor novedad y las hemos visto en cientos de películas (basta comparar esto con esto y con esto otro). Se muestra la camaradería de los primeros días, cuando los futuros soldados ignoran la vacaloca en la que se metieron y se comportan como ovejas sumisas rumbo al matadero. Suben, bajan, corren, se arrastran y se hacen uno con su fusil –todos menos Desmond– convencidos de ser unos valientes para finalmente llegar al Japón y darse cuenta de que nada habría podido prepararlos para el infierno de Hacksaw Ridge.

Las imágenes de los horrores de la guerra pasando frente a los ojos de Desmond son duras. Camiones repletos de cadáveres apiñados, soldados transtornados, rostros cansados, miradas perdidas, gente sin alma –”Salen como un noble soldado, vuelven agrios y mutilados”, dice Willie Colón–. Las escenas del combate están bien hechas aunque no son lo suficientemente originales para hacer de la película un hito en su género. Se resalta el heroísmo de Desmond con imágenes muy trilladas: se le ve erguirse entre cientos de cadáveres mirando al horizonte mientras suena música heroica de fondo. También se deshumaniza al enemigo: japoneses con cara de locos rematando a cuchillo a los heridos para después suicidarse de manera ritual. Queda uno con la sensación de que esas escenas son para justificar a los soldados estadounidenses que sí van armados, sugiriéndo que, a diferencia del enemigo, ellos sí hacen un uso ético de las armas.

Me fue difícil tomarme en serio a Desmond. Su dilema está basado en valores que hoy parecen cuestionables y pasados de moda. No termino de entender, por ejemplo, su profundo compromiso patriótico (¿salvar a la patria de qué, exactamente? ¿salvarla para quienes? ¿en nombre de qué?) o su noción de valentía. Desmond Doss ciertamente es un tipo excepcional y lo que hizo es una gran hazaña, pero me parece contradictorio sentir tantos escrúpulos frente a las armas pero no tantos frente a la violencia cuando esta se ejerce en nombre de la patria.

Por último, Gibson acertó en la elección de Andrew Garfield. Su cara de murciélago bonachón es agradable, comercial y muy creíble.

 

M. Dolores Collazos

Boy Meets Girl, 2014 [En pocas palabras]

Boy Meets Girl

Eric Schaeffer

Estados Unidos

2014

Interesante película. La protagonista es transgénero y la película aborda el tema desde una perspectiva novedosa: no se centra en el drama de salir del clóset, el matoneo en el colegio, la decepción de la familia o la estigmatización social sino en los dramas propios de la adolescencia, esos de los que nadie se escapa.

Al darle espacio a las interacciones románticas de la protagonista y no a sus fracturas emocionales, Boy Meets Girl pone a prueba lo que el espectador sabe o cree saber sobre sexualidad. Cada vínculo sentimental parece traer consigo una pregunta: ¿entonces ella es lesbiana?, ¿eso que pasó hace de ese personaje un homosexual?, etc. Cuando terminé de ver la película tenía muchas preguntas sobre las preferencias sexuales de los protagonistas y hasta ahora no las he podido responder.
Si uno quiere ver una película que aborde de manera sencilla y honesta la cuestión de la identidad de género, Boy Meets Girl vale la pena. Sencilla, porque con un guión relativamente simple la película logra poner sobre la mesa el hecho de que la sexualidad va mucho más allá de la dicotomía heterosexual/homosexual que nos han planteado desde siempre; honesta, porque los personajes se están haciendo preguntas explícitas sobre sus preferencias todo el tiempo y de paso cuestionan directamente los gustos del público.

Dicho lo anterior, varias escenas se sienten forzadas y el guión a veces parece un video educativo. Las actuaciones tampoco son contundentes. Michael Welch se salva (aunque no por mucho).

M. Dolores Collazos

Trainwreck, 2015 [En pocas palabras]

Trainwreck

Judd Apatow

Estados Unidos

2015 

 

Película plana, aburrida y para nada chistosa (tendrá dos o tres chistes buenos, pero nada mas). No me explico por qué recibió tan buenas críticas. Tiré a la basura dos horas de mi vida que habría podido invertir en otra cosa.

M. Dolores Collazos

Crónica de una muerte anunciada, 1987 [En pocas palabras]

Crónica de una muerte anunciada

Francesco Rossi

Italia/Francia/Colombia

1987

 

Vi esta película en televisión y me gustó. Dejé de hacer zapping para concentrarme en la melancolía y las relaciones endogámicas que sirven como telón de fondo a la trama. El pueblo (Mompox) tiene mucho encanto: blanco, polvoriento, caluroso. Parece un laberinto lleno de amplios solares, corredores y patios interiores. El río Magdalena ofrece la única salida; sólo a través del río el pueblo se conecta con el mundo.  Es el tipo de lugar en donde una historia llena de machismo, clasismo, violencia y amor (¿?) sí podría suceder.

El casting es muy bueno. Ornella Muti y Anthony Delon como Ángela Vicario y  Santiago Nasar son muy convincentes.  Mi preferida fue Vicky Hernández. Me gustó oírla gritar “¡Corre Santiago, que te matan!”.

M. Dolores Collazos

 

 

Foxcatcher, 2014 [En pocas palabras]

Foxcatcher

Bennett Miller

Estados Unidos

2014

Muy buenas actuaciones. Channing Tatum es convincente en el papel de ‘enorme pedazo de carne emocionalmente frágil’. Steve Carell es lo mejor de la película. Construyó bien la personalidad inmadura e inestable de Du Pont. Desde que aparece en la pantalla se intuye que hay algo enfermo y peligroso en él. Su pasión por las armas, su absoluta falta de talento y su narcisismo idiota son una bomba de tiempo. Además es multimillonario. Nada podía terminar bien.

M. Dolores Collazos

The Last King of Scotland, 2006 [En pocas palabras]

The Last King of Scotland

Kevin Macdonald

Reino Unido/Estados Unidos

2006

En general me gustó mucho. Buenos actores, buen guión. Hay cohesión. La secuencia inicial es muy poderosa. Nicholas es un muchacho escocés recién graduado de medicina que nunca ha vivido nada distinto del rigor británico. Sus padres siempre han jugado a lo seguro y él va por el mismo camino. Pertenecen a esa sociedad austera y castrante que todos hemos visto, asqueados, en el video de Another Brick on The Wall. Nicholas grita de desesperación y uno como espectador no puede sino darle la razón. Tiene que escapar, todos estamos de acuerdo en eso. Entonces suenan tambores africanos, profundos y tribales, anunciando que Nicholas ha hallado su destino: Uganda.

Una vez en Uganda, Nicholas se encuentra, como no, con la forma de hacer las cosas en el tercer mundo. Con la pobreza, la ineficiencia, la corrupción, y todos los demás engendros del subdesarrollo. Era justamente lo que estaba buscando; le parece un desafío excitante y decide quedarse a vivir el cliché del misionero.  Aparece el dictador, figura típica de nuestra vida política (y digo “nuestra” porque yo nací en el tercer mundo) y Nicholas lo considera, ingenuamente, un personaje excéntrico y supersticioso, a veces impredecible, pero siempre inofensivo y bienintencionado. Es obvio que las cosas terminarán mal pero Nicholas es demasiado inexperto para darse cuenta.

Como todos los dictadores, el dictador ugandés –Idi Amin Dada–  es carismático y está lleno de vida. Desborda entusiasmo. Personifica el advenimiento de una nueva era cargada de esperanzas y optimismo. Si tuviera que elegir al personaje más notable de toda la película, lo elegiría a él. Lo vemos perder el norte poco a poco, degenerarse y delirar. La paranoia gana la batalla y Amin Dada recurre a la desgastada figura de la “seguridad nacional” para justificar sus crímenes. Ahora todo es atroz: el entusiasmo inicial se ha esfumado y el miedo ha ocupado todos los espacios. En ese momento es inevitable sentir pena por Nicholas. Ya nos hemos encariñado con él, es sólo un muchacho que ha tomado malas decisiones desde el principio. Demasiado tarde. Es un ratón sintiendo el mortal abrazo de una anaconda.

 

M. Dolores Collazos

Lawrence of Arabia, 1962 [En pocas palabras]

Lawrence of Arabia 

David Lean

Reino Unido

1962

Mi papá tenía Lawrence de Arabia en la biblioteca de la casa y la carátula – una escena de varios hombres sentados en las dunas del desierto– resaltaba entre los libros de lomo rojo o azul, uniformes y aburridos.

La película está llena de exotismo. El desierto, el vestuario, los escenarios, la geografía, todo parece mágico y misterioso. Lawrence, con todas sus dudas y complejidades, es el centro de todo. Miento. Hay algo que iguala en importancia al propio Lawrence: el desierto. Ese océano de arena hostil y peligroso es la única majestad que Lawrence interioriza y respeta.

El personaje de Lawrence me sorprendió. No es un héroe ni un villano: es simplemente un hombre. Uno muy confundido, a decir verdad. No es inglés, no es árabe; parece tener problemas de identidad. Aparecen también sus mezquindades. Su vanidad, su arrogancia, su soberbia. Su detestable manía de creerse un semidiós. Es entonces cuando la primera escena, el prólogo de su muerte, adquiere todo su sentido:

“Era un poeta,

un erudito, un guerrero poderoso

pero también un exhibicionista”

 

M. Dolores Collazos

Woman in Gold, 2015 [En pocas palabras]

Woman in Gold

Simon Curtis

Estados Unidos

2015

Regular, más bien mala. La historia tiene mucho potencial, lástima la ejecución.

La actuación de Ryan Reynolds es sin duda lo peor de la película. Acartonado e inexpresivo, completamente desconectado del personaje. Es difícil creer que es un joven abogado con olfato jurídico que se apasiona por un caso al que nadie le ve futuro. La actuación de Helen Mirren como Marie no es del todo mala. Después de The Queen (2006) me es difícil verla como una mujer mayor de cualquier nacionalidad diferente de la inglesa. Quizá simplemente no era la actriz adecuada para este papel. Con todo, su actuación es mejor que la de Reynolds.

Otro problema es que la motivación de los protagonistas no es clara. Vuelven a un pasado doloroso con el cual están conectados de diferentes formas pero no es claro por qué o para qué. Se embarcan en una batalla legal que crece como una bola de nieve y les genera estrés, tensiones y tristezas pero no parecen tener una buena razón para haberse involucrado. ¿Quieren recuperar una obra de arte? ¿Dignificar a la comunidad judía? ¿Hacer justicia? ¿Todas las anteriores?

Rescato la belleza con que se retrata el pasado de Marie en Viena. Su niñez y juventud en un suntuoso apartamento, la elegancia de las fiestas, el buen gusto en todos los detalles.

Por último, el cartel de Woman in Gold (2015) es realmente feo. La cinta gira en torno a un cuadro de Klimt y deciden promocionarla con un afiche bastante mediocre.

M. Dolores Collazos

Ex Machina, 2015 [En pocas palabras]

Ex Machina

Alex Garland

United Kingdom

2015

Me gustó mucho. Lo primero que noté fue la estética “limpia” de la casa de Nathan. De líneas simples, espacios amplios y superficies desnudas, la casa de Nathan es el sueño de todo minimalista. Es además uno de los dos espacios en donde se desarrolla la película. El otro espacio es la naturaleza. La casa de Nathan, donde todo es tecnología, está rodeada de lagos cristalinos y una exuberante vegetación de colores intensos y formas caprichosas. Los dos espacios están perfectamente integrados, y ya que la película plantea la posibilidad de incorporar lo artificial con lo natural al punto de no distinguirlos, la compenetración de la casa de Nathan con su entorno es una gran metáfora del argumento central.

Desde cierta perspectiva, Ex Machina es la versión glamourosa, sofisticada y profunda de Jurassic Park (1993). Como en Jurassic Park, en Ex Machina se abordan las implicaciones éticas de ser millonario y jugar a ser Dios. Y también como en Jurassic Park, las cosas en Ex Machina terminan mal. Pero eso es previsible desde que uno conoce a Nathan, un tipo con mucho dinero y una obsesión. Me recordó a John du Pont, el personaje de Steve Carell en Foxcatcher (2014).

M. Dolores Collazos