Cine en tiempos de Coronavirus: tres películas sobre pandemias [En más palabras]

Han pasado casi dos meses desde que el Covid-19 llegó al país que me acoge y el escepticismo inicial (“es una gripita nada más”) ha ido cediendo frente a la incertidumbre y el miedo. Al principio todo parecía normal excepto porque el desinfectante de manos voló de las droguerías pero ahora todos los negocios cerraron, hay muy poca gente en la calle, y no hacemos vida social. Comemos, reímos, estudiamos y trabajamos desde la misma mesa, conversamos desde alguna app, y se ha vuelto costumbre revisar primero que todo en la mañana la cifra de contagios. Sólo salimos para ir al supermercado y aún ahí tratamos de no existir: caminamos pegados a los congeladores o damos volteretas extrañas por los pasillos con tal de no contradecir la sacrosanta regla de conservar una distancia mínima de 1.5 metros con el prójimo. 

En cuarentena voluntaria como estoy, no me queda mucho más que leer, ver películas y hacer aseo. Veo en Twitter que muchos se han dedicado al ejercicio y a hornear pan, y me gustaría ser de ese grupo, cómo no si a mí me encanta el pan, pero no lo logro. Soy más de echarme en el sofá a ver Netflix y supongo que también está bien (¿en serio estamos para superioridades morales en plena pandemia?). También soy de las que buscan asociaciones y coincidencias para todo en el cine y por eso cuando la OMS se atrevió a llamar pandemia al Covid-19 busqué películas que recrearan el caos de la expansión de un virus por el mundo. Decidí ver dos películas que no había visto antes (Twelve Monkeys y Contagion) y repasar otra (REC).

 

Twelve Monkeys

Terry Gilliam/ Estados Unidos/ 1995

 

12 monkeys

Fuente: IMDb

 

En 1996 un virus terrible ha contaminado la tierra. Los pocos humanos que quedan viven en estrechos refugios subterráneos repletos de dispositivos electrónicos aparentemente inservibles. A pesar de las incomodidades los científicos (todavía los hay) han logrado construir una máquina del tiempo para enviar personas al pasado tratando de averiguar quién o quienes liberaron el virus y quizá encontrar una cura. Sospechan que el virus es obra del Ejército de los 12 monos, un grupo antisistema que lo habría usado en su cruzada contra la sociedad de consumo. Con esta información envían a Cole (Bruce Willis) al pasado: su misión es verificar si en efecto el virus fue liberado por el Ejército de los 12 monos y hacer lo posible por recaudar nuevos datos y hasta impedir la propagación. La comunidad científica en la ficción se hace las mismas preguntas que leemos todos los días sobre nuestro virus: ¿cómo se esparció? ¿habría sido posible detenerlo? ¿qué hacemos si hay una próxima vez?

Pero todo sale mal: Cole no llega en la época indicada sino antes, a veces mucho antes, y en ese ir y venir empieza a dudar de la culpabilidad del Ejército de los 12 monos, de la rectitud de la comunidad científica, y hasta de sus propias experiencias. En medio de todo conoce a la doctora Kathryn Railly, que al principio no le cree que es un viajero en el tiempo pero después sí,  y lo acompaña por calles sombrías y edificios llenos de goteras buscando ella también entender de dónde diablos salió el virus.

Dice Roger Ebert que lo interesante de esta película es que crea un universo en 130 minutos. Yo agregaría que ese universo, si bien es original, no tiene nada persuasivo. Nadie querría vivir en el mundo lleno de mugre, tecnología ineficaz y ropa grande que plantea Twelve monkeys

Me pareció aburrida por sus diálogos inconexos, su teatralidad empalagosa y su música estridente para resaltar lo obvio. Su estética futurista es original pero en algún punto la película entera es demasiado: demasiado desorden, demasiado caos, demasiada suciedad. Demasiados indigentes tratando de hablar como profetas sin lograrlo. Hacia la mitad me di cuenta de que no me interesaba la suerte de Cole y la doctora Railly porque su historia romántica me pareció forzada e innecesaria, porque los dos son personas muy simples, y porque nada bueno puede pasar en un lugar lleno de vapor y óxido. También está la famosa aparición de Brad Pitt como integrante del Ejército de los 12 monos, y aunque su actuación es buena y fue alabada en su momento, creo que no es suficiente para salvar la historia. 

Le concedo algo: la crítica a la comunidad científica está bien planteada y merecería una entrada aparte. Las imágenes de los animales en libertad son bellísimas.

REC 

Plaza y Balageró/ España/ 2007

 

REC 2007

Fuente: IMDb

 

Hace años escribí un ensayo sobre esta película y lo titulé “REC: horror en primera persona”. Una periodista (Ángela) y su camarógrafo (Pablo) recorren Barcelona para grabar Mientras usted duerme, un programa que pretende mostrar la vida de las ciudades en las noches bajo la premisa de que la normalidad diurna es el producto de una intensa actividad nocturna que no vemos. Una noche en particular visitan el cuartel de bomberos para grabar un episodio. Mala idea: hay más emoción en un monasterio trapense y Ángela tiene que hacer peripecias frente a la cámara para mostrar acción en donde sólo hay tedio y rutina. Hasta aquí todo muy Diario de Bridget Jones. De repente una llamada prende las alarmas: hay una emergencia en un edificio del centro de la ciudad; los bomberos corren al camión y los periodistas tras ellos. Pablo graba todo el tiempo.

El edificio está hecho un caos. Los vecinos reunidos en la entrada están aterrados; una mujer actúa erráticamente y hay gritos, sangre y confusión. También llega la policía. En algún momento les informan que el lugar ha sido puesto en cuarentena porque hay un brote infeccioso parecido a la rabia y nadie puede entrar o salir. Ángela y Pablo quedan atrapados en el edificio junto a los bomberos y los vecinos y entienden que tienen dos opciones: entregarse al pánico o aprovechar la cámara para grabar la insólita experiencia. Optan por lo segundo. La película deviene entonces un documental sobre el encierro, la impotencia, el miedo y lo fácil que se nos da buscar culpables en medio de la catástrofe. Todo pasa por el lente de la cámara de Pablo, todo es parte de Mientras usted duerme. El nombre del programa nunca ha sido tan acertado.

El gran aporte de la película es la naturalidad con la que todo pasa: de la manera más normal Ángela y Pablo visitan el cuartel de los bomberos, suben al camión y llegan al edificio. Asumen toda la acción desde el profesionalismo y eso le da puntos de verosimilitud a la película. Nunca vemos a Pablo (solo oímos su voz) porque siempre está detrás de la cámara. Gracias a él el público también está dentro del relato, de ahí la originalidad de la experiencia de inmersión total que propone REC (aunque en honor a la verdad El Proyecto de la Bruja de Blair ya había hecho algo así, sólo que esta vez sale mejor). El sonido es un componente mayor. Conforme Ángela y Pablo se adentran en los vericuetos del edificio el ambiente es cada vez más lúgubre; la cámara de Pablo avanza por pasillos diminutos y mal iluminados y el espectador se entera de lo que está pasando sólo por los alaridos y golpes que se oyen a lo lejos y a veces no tan lejos (un poco como las peleas de Twitter). Al final uno se pregunta si todas las cuarentenas son iguales y frente al Covid-19 no somos más que un montón de gente muerta de miedo en un laberinto sin salida.

 

Contagion

Steven Soderbergh/ Estados Unidos/ 2011

Contatgio 2

Fuente: IMDb

 

La película del Coronavirus por excelencia. Una mujer regresa de un viaje de negocios a su casa en Minnessota y dos días después muere en medio de terribles convulsiones. Los médicos están confundidos pero cuando el patrón se repite en varios países confirman que es una pandemia. Intervienen las autoridades nacionales y locales y en un abrir y cerrar de ojos hay ruedas de prensa, tropas desplegadas y gente mocosa por todas partes.

El inicio de la película es franco con el espectador. Los personajes se desplazan con sendas caras relajadas por escenarios conocidos (la casa, la cocina, la entrada de un edificio) mientras suena una música tensionante de fondo y uno sabe que en cualquier momento una bomba va a estallar. Es angustiante verlos tan tranquilos. Esa mujer y su familia van camino al abismo con los ojos vendados y no dan ganas sino de gritarles que no se toquen, que no se abracen, que no pongan los dedos ahí y que se laven las manos por el amor de Dios. Aparecen los primeros enfermos: un muchacho en Hong Kong, una mujer joven en Londres, un hombre de mediana edad en el transporte público de Tokio cuya crisis termina en YouTube. Cada cambio de escenario viene no sólo con el nombre de la ciudad sino con el número de habitantes para que el espectador calcule la magnitud de la tragedia. Hacia la mitad de la película el virus se ha propagado por medio planeta y parecería que la única salida para nuestra especie es enviar a dos o tres parejas sanas a Marte en una cápsula esterilizada.

Pero hay esperanza: la comunidad científica estadounidense (obvio) avanza a pasos de gigante hacia una vacuna. Los esfuerzos empiezan a tener sentido y de esta salimos. Se puede aplanar la curva, diríamos hoy. La virtud de la película consiste en hacer un esfuerzo serio por explorar los posibles escenarios de una pandemia y nueve años después de su estreno podemos decir que acertó. Los peligros de las noticias falsas, los funcionarios corruptos y los bien intencionados, los científicos comprometidos, los ciudadanos aterrorizados, los organismos ineptos, todo está ahí. A veces está ahí de forma insoportablemente evidente (¿en realidad era necesario ver al Dr. Cheever, del CDC, vacunando al hijo pequeño de la persona que limpia su oficina?), aunque casi siempre los diálogos son directos y bien pensados. El acento está en la imagen: hileras de camillas en hospitales improvisados, locales incendiados, turbas iracundas asaltando camiones con víveres, cadáveres sin funeral. Cada fotografía habla de la fragilidad de nuestra especie. Somos una sociedad pegada con babas.

El punto débil de la película es su confianza ciega en un orden político mundial inalterable. Nunca se plantea la posibilidad de que la situación se le salga de las manos al gobierno al punto de obligarlo a pedir ayuda. Contagion es ante todo el retrato de Estados Unidos lidiando con una pandemia y eso implica un voto de confianza en el sistema; desde el principio está claro que el virus es una alteración pasajera y que volver a la normalidad es cuestión de tiempo. La primera economía del mundo desarrollado puede tambalear pero jamás caer. Y en este punto supongo que es demasiado pedir que una película de Hollywood prediga lo que nadie vio venir en la vida real: que Estados Unidos podría no ser el país que nos va a salvar, que China o la Unión Europea podrían descubrir primero la vacuna, y que cuando todo esto pase quizá nos habremos dado cuenta de que los grandes líderes no eran tan necesarios porque los ciudadanos podemos organizarnos solos. 

La escena final es muy buena y adecuada para explicar nuestro virus. Hay una pregunta que sigue vigente: el día que se descubra la vacuna ¿cómo nos organizamos para comprarla?

Después de ver Contagion creo que siempre me acompañará una voz para gritarme: “¡No metas la mano en ese maní de cortesía!”

 

M. Dolores Collazos

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